Esta es la estrategia con la que gestiono la mayor parte de mi patrimonio financiero: una cartera de fondos indexados pensada para crecer durante décadas y, más adelante, para vivir de ella. Es el núcleo de mi sistema, el bloque que no necesito tocar y del que cuelga todo lo demás.
Aquí te cuento cómo la construyo, por qué en España lo hago con fondos y no con ETFs, contra qué índice la mido, y cómo dimensiono la renta fija, que en mi caso no es un porcentaje sino una cantidad de años de gastos cubiertos.
Índice
- Qué es una cartera pasiva (y por qué acabé aquí)
- Fondos indexados: la base de la estrategia
- La ventaja fiscal de los traspasos en España
- Mi índice de referencia, y en qué me separo de él
- La renta fija se mide en años de gastos
- Cómo rebalanceo, y por qué en tramos de 20.000 €
- Cartera pasiva frente a gestión activa
- Cartera pasiva frente a estrategias de dividendos
- La tasa de retiro seguro
- La estrategia de buckets
- Cómo empezar: pasos accionables
Qué es una cartera pasiva (y por qué acabé aquí)
Una cartera pasiva renuncia a propósito a adivinar qué activo, qué sector o qué momento va a ganar. En vez de elegir acciones concretas o intentar anticipar subidas y bajadas, compras fondos que replican índices amplios y los mantienes durante años, o durante décadas, sin entrar y salir buscando el momento perfecto.
Con una precisión que casi nadie hace y que a mí me parece importante: en mi caso los vehículos son pasivos, pero la asignación entre regiones no lo es del todo. Construyo mi propia versión del mundo combinando fondos regionales, y eso significa que tomo decisiones. Pocas, una vez al año, y siempre partiendo del índice, pero decisiones al fin y al cabo. Llamarlo cartera cien por cien pasiva sería quedarme con la parte cómoda del nombre.
Yo no llegué aquí por convicción teórica, llegué por hartazgo. Durante años tuve fondos de gestión activa que me cobraban bastante más y que, mirando los resultados con calma, no me daban nada a cambio. Ninguna ventaja real. El día que te sientas a comparar lo que pagas con lo que recibes, la decisión se toma sola: no tenía ningún sentido seguir pagando por aquello.
Se trata de decidir dónde merece la pena gastar el esfuerzo. Prefiero dedicar mi tiempo a decidir cuánto ahorro, cómo reparto el riesgo entre regiones y cómo gestiono los impuestos, en vez de intentar adivinar qué acción subirá el año que viene. Y sí, esa parte de adivinar también la hago, pero en una cartera aparte y acotada que cuento en Cartera Activa. Son estrategias distintas con objetivos distintos, y el reparto real entre las dos está en Mi Cartera.
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Fondos indexados: la base de la estrategia
Un fondo indexado no selecciona nada: replica la composición de un índice, ya sea el S&P 500, el MSCI World o el conjunto de mercados emergentes, y sube o baja con él. Como no necesita un equipo de analistas decidiendo, cuesta mucho menos. Un indexado típico cobra entre el 0,1% y el 0,3% anual, frente al 1,5% o 2% que es habitual en gestión activa.
Esa diferencia parece ridícula vista en un año suelto. Compuesta durante veinte o treinta años deja de serlo: punto y medio anual de más, sostenido tres décadas, puede comerse más de una cuarta parte del capital final. Las comisiones no se pagan una vez, se pagan todos los años y sobre un capital cada vez mayor. Eso fue exactamente lo que me llevó a cambiarme, y lo desarrollo con números en los costes reales de un fondo.
Mi cartera no se limita a un único índice, porque prefiero controlar yo la exposición por regiones. La mía reparte el peso entre EEUU, Europa, emergentes, Japón y small caps en renta variable, con una porción de renta fija. El reparto exacto que uso hoy está publicado en Mi Cartera.
La ventaja fiscal de los traspasos en España
Aquí hay una particularidad española que cambia bastante las cuentas y que mucha gente desconoce. Los fondos de inversión, y esto no vale para los ETFs, se pueden traspasar. Puedes mover tu dinero de un fondo a otro, cambiar de región, de gestora o de estrategia, sin que Hacienda lo considere una venta. No tributas por la plusvalía en ese momento: la factura se aplaza hasta que rescatas el dinero de verdad, en efectivo, del último fondo de la cadena (artículo 94 de la Ley del IRPF).
En la práctica esto significa que puedo rebalancear, corregir el peso de una región que se ha desmadrado o irme a un fondo más barato sin pagar peaje por el camino. El dinero que en otro país tendrías que apartar para Hacienda cada vez que vendes, aquí sigue trabajando dentro del fondo. A largo plazo, capitalizar sin interrupciones se nota mucho.
El matiz importante: esto solo aplica a fondos de inversión tradicionales, los que compras a través de una gestora y tienen valor liquidativo diario. Los ETFs cotizan en bolsa como una acción y tributan en cada venta. Por eso mi cartera indexada está hecha con fondos y no con ETFs, aunque los ETFs suelan ser algo más baratos: si piensas rebalancear o cambiarte de fondo alguna vez en la vida, en mi caso la flexibilidad fiscal me compensa esa diferencia de coste. Lo comparo en detalle en fondos indexados vs. ETFs en España.
Cartera pasiva frente a gestión activa
Los informes SPIVA llevan años enseñando lo mismo: la gran mayoría de los fondos de gestión activa se queda por debajo de su índice en horizontes largos, una vez descontadas las comisiones. Ese es el motivo por el que el núcleo de mi patrimonio está indexado.
Y sin embargo yo también elijo acciones, en una cartera aparte y acotada. La contradicción es real, la asumo y explico con qué límites la manejo y qué me haría cerrarla en Cartera Activa.
Cartera pasiva frente a estrategias de dividendos
Las estrategias de dividendos son muy populares, sobre todo entre quien busca una renta periódica, y la lógica es de las que entran bien: compras empresas que reparten dividendos altos y crecientes, y vives de esos ingresos sin tocar el capital. Antes de montar una cartera entera sobre esa idea, hay que entender dos cosas.
La primera es mecánica. Cuando una empresa reparte un dividendo, el precio de su acción baja más o menos en esa misma cantidad el día del pago. El dividendo no aparece de la nada: es una parte del valor de la empresa que se convierte en efectivo en tu cuenta en vez de quedarse dentro. Lo que cuenta económicamente es la rentabilidad total, dividendos más revalorización, no solo la parte que te llega al bolsillo.
La segunda es fiscal, y en España pesa mucho. Los dividendos tributan como rendimiento del capital mobiliario en cuanto los cobras, todos los años, sin diferimiento posible. Una cartera de acumulación, con fondos que reinvierten por dentro, no genera ese impuesto anual: el capital compone sin interrupciones hasta que decides tú vender, con el mismo mecanismo de traspaso sin peaje que veíamos antes.
Y hay una tercera razón de la que se habla menos: centrarte en dividendo alto te empuja hacia sectores muy concretos, como utilities, tabaco, telecos o REITs, con lo que acabas menos diversificado de lo que crees. No es una mala estrategia, simplemente resuelve otro problema. Da ingresos visibles cada trimestre, que psicológicamente sienta muy bien, a cambio de eficiencia fiscal y diversificación.
La tasa de retiro seguro, y por qué yo apunto más abajo
Antes de entrar en el 4%, conviene decir dónde encaja en mi caso, porque mi objetivo es que el patrimonio crezca de forma perpetua, no que dure treinta años y se agote. Esta cartera es una máquina de acumular, y lo que le saque tiene que ser una proporción lo bastante pequeña como para que siga creciendo por encima de la inflación.
Por eso el 4% me interesa como referencia y no como objetivo. Cuando active la independencia financiera pretendo necesitar bastante menos: primero porque hoy ya estoy por debajo de ese umbral, y segundo porque la cartera activa también aportará ingresos por dividendos y primas que cubrirán parte de mis gastos.
Dicho esto, la teoría merece contarse. Acumular es solo la mitad del problema. La otra mitad, que es la que de verdad me interesa, es: cuando ya tienes el capital, ¿cuánto puedes sacar cada año sin arriesgarte a quedarte sin nada? A eso se le llama tasa de retiro seguro.
La referencia más citada es la regla del 4%, que sale de un estudio de William Bengen de 1994. Bengen analizó datos históricos del mercado estadounidense y encontró que retirando un 4% del capital inicial el primer año, y ajustando esa cantidad por inflación cada año siguiente, una cartera con una mezcla razonable de acciones y bonos habría aguantado 30 años en casi todos los periodos que estudió, incluidos los que arrancaban justo antes de las peores caídas del siglo XX.
Después vino el Trinity Study (Cooley, Hubbard y Walz, 1998), que amplió el análisis a distintas mezclas de renta variable y fija y a distintos plazos, y confirmó que una tasa cercana al 4% tenía una probabilidad de éxito histórica muy alta para carteras con peso relevante en bolsa, en torno al 50% o 75%.
Dicho esto, el 4% es un punto de partida y no una ley universal:
- Los estudios originales usan datos de EEUU. Nadie garantiza que el futuro, ni otros mercados, se porten igual.
- El propio Bengen ha revisado su cifra al alza en años posteriores, hacia el 4,5% o 5% bajo ciertas condiciones, mientras que otros analistas defienden ser más conservador, entre el 3% y el 3,5%, si las rentabilidades esperadas son más bajas que la media histórica.
- El riesgo de verdad no es la tasa media, es la secuencia. Un mercado bajista justo al empezar a retirar hace mucho más daño que uno al final, porque te obliga a vender más participaciones a precios malos para pagar los mismos gastos.
En mi Calculadora de Independencia Financiera uso un enfoque emparentado pero más conservador: en vez de una tasa fija del 4%, calculo el rendimiento esperado ya descontada la inflación, de forma que el capital se preserve indefinidamente en lugar de agotarse en 30 años. Si tu horizonte es mucho más largo que esos 30 años, que es el caso de quien busca independencia financiera temprana y no jubilación a los 65, me parece una forma más sensata de plantearlo.
La estrategia de buckets
La forma en que dimensiono la renta fija, que explico un poco más abajo, es la estrategia de cubos: un año de gastos en monetario, tres años más en renta fija y el resto en renta variable. Con su cascada de cinco escalones para decidir de dónde sale cada euro cuando llegue el momento de vivir de esto.
No lo repito aquí porque está desarrollado, con la evidencia académica en contra incluida, en el sistema completo. Lo que sí importa para esta página es la consecuencia: la parte estable de esta cartera no está dimensionada como un porcentaje, sino como una cantidad de años que puedo aguantar sin vender bolsa.
Mi índice de referencia, y en qué me separo de él
Si no declaras contra qué te comparas, siempre puedes encontrar a posteriori un índice que te dé la razón. Así que lo digo antes: mi referencia es el MSCI ACWI IMI, y es la misma para los tres bloques de mi sistema.
Elijo la versión IMI y no el ACWI a secas por un motivo concreto: el ACWI cubre grandes y medianas, pero deja fuera las small caps, y yo tengo un fondo de small caps globales. Medirme contra un índice que no contiene una de mis patas sería hacerme trampas al solitario.
Y hay tres detalles del nombre completo que casi nadie escribe y que deciden si la comparación es honesta:
- En euros. MSCI publica el índice en varias divisas. Si lo cojo en euros, el movimiento del dólar está dentro del índice igual que está dentro de mi cartera y se cancela solo. Compararme con la versión en dólares sería medir el tipo de cambio y llamarlo habilidad.
- Versión Net, no Gross. Mis fondos sufren retención en origen sobre los dividendos; la versión bruta del índice supone que no la sufre nadie. Compararse contra la bruta es garantizarse parecer peor gestor para siempre por un motivo puramente fiscal.
- Sin cubrir, porque mis fondos de bolsa no están cubiertos. La cobertura del índice tiene que coincidir con la del fondo o la diferencia que midas no será tuya.
Escrito entero: MSCI ACWI IMI Net Total Return, en EUR, sin cubrir. Escribirlo completo es lo que impide hacerse trampas después.
La renta variable no es lo único que hay aquí, así que hay más de un listón. Comparar el bloque entero contra un índice de bolsa sería injusto conmigo mismo, porque la renta fija está ahí para no rendir:
| Pata | Índice de referencia |
|---|---|
| Renta variable | MSCI ACWI IMI Net, en EUR |
| Renta fija | Bloomberg Global Aggregate, cubierto a euro |
| Monetario | €STR capitalizado |
| El bloque entero | Compuesto de los tres, con mis pesos objetivo |
El de renta fija no es una elección: es literalmente el índice que replica mi fondo. Y el compuesto se recalcula cada año según lo que me falte para los cuatro años de gastos. Esa comparación tiene una lectura interesante, y es que enseña cuánto me cuesta el colchón en rentabilidad.
El ACWI IMI es mi línea base, mi manera de no opinar. Y a partir de ahí, una vez al año, me pregunto de forma explícita si quiero sobreponderar o infraponderar alguna de las geografías que lo componen, y hago la misma reflexión con las small caps.
La ventaja de trabajar así es que cada desviación tiene que justificarse. No acabo con un peso raro en una región porque sí, sino porque he decidido activamente separarme del índice en ese punto. Si no tengo un motivo, me quedo con el peso del índice y no le dedico más tiempo. Los pesos que tengo hoy están publicados en Mi Cartera, fondo a fondo.
Un purista diría que un solo fondo global hace lo mismo con menos trabajo, y tendría razón en la mayoría de los casos. Lo hago por regiones porque quiero poder mover los pesos, y eso ya es una desviación del método.
La renta fija se mide en años de gastos
Casi todo el mundo define la renta fija como un porcentaje de la cartera: tu edad en bonos, un 20% fijo, lo que sea. Yo la defino de otra forma, y creo que es la mejor idea de todo mi sistema.
| Instrumento | Cubre | Para qué |
|---|---|---|
| Fondo monetario | 1 año de gastos | Disponible mañana, sin sustos |
| Fondos de renta fija | 3 años más | Aguantar una caída larga sin vender bolsa |
| Total objetivo | 4 años de gastos | |
Lo que gano planteándolo así:
- Se ajusta solo. Si mis gastos suben, el objetivo en euros sube con ellos. No hay ningún porcentaje que revisar cada año.
- Responde a la pregunta que de verdad importa, que no es cuántos bonos llevo sino cuánto tiempo puedo vivir sin tocar la bolsa.
- Explica sin esfuerzo cómo evolucionará. El porcentaje sobre la cartera subirá los próximos años porque hoy voy corto, y después bajará muy despacio, porque mis gastos crecen más lentamente que la parte de renta variable.
Y la parte incómoda, que es la que da valor a contarlo: hoy cubro algo menos de dos de esos cuatro años. Voy por debajo de la mitad del objetivo, y por eso subir la renta fija encabeza mi lista de cosas por hacer antes de 2030.
Esto tiene una consecuencia que prefiero decir claramente, porque explica el resto de mi cartera: mi tranquilidad no viene de tener poca volatilidad, viene de tener años de gastos cubiertos. Es lo que me permite llevar el resto en renta variable sin que una caída del 30% me obligue a hacer nada.
Los topes, las reglas de rebalanceo y cómo encaja este bloque con los otros dos están en el sistema completo.
Cómo rebalanceo, y por qué en tramos de 20.000 €
Reviso una vez al año, en Navidad. La fecha no tiene nada de mágica: necesito una que no dependa de cómo esté el mercado ese día, y esa la tengo libre y ya la asocio a hacer cuentas.
Las dos partes del bloque no se tratan igual, y para mí es la única forma que tiene sentido:
- La renta fija no se rebalancea. Como su tamaño está definido en años de gastos y todavía voy corto, simplemente acumula hasta llegar al objetivo. No tiene sentido devolverla a un porcentaje que no es su regla.
- La renta variable sí. Está repartida en cuatro geografías más small caps, y rebalanceo una pata cuando se desvía más de un 20% de su peso objetivo. Hablo de un 20% relativo, no de 20 puntos: si una pata debe pesar 15%, la banda va de 12% a 18%.
Y el peso objetivo de cada pata sale del ACWI IMI más mis decisiones deliberadas de sobreponderar o infraponderar alguna región.
El limbo del traspaso, que nadie cuenta
Cuando traspasas dinero de un fondo a otro en España, la operación no es instantánea. Entre que se reembolsa el primero y se suscribe el segundo pasan varios días hábiles, y durante ese tiempo tu dinero no está en ningún sitio: ha salido de un fondo y no ha entrado en el otro. Si el mercado se mueve en esos días, te lo comes entero, para bien o para mal.
Dos cosas que hago para que eso no importe:
- Ningún traspaso pasa de 20.000 €. La cifra es arbitraria y me la pongo yo: es la cantidad a partir de la cual el movimiento del limbo dejaría de ser despreciable en el conjunto de mi cartera. Si tengo que mover más, lo parto.
- Los lanzo en lunes, para que la orden quede ejecutada del todo dentro de la misma semana en que la doy.
Y una regla general que gobierna todo esto: pocos movimientos, y solo si son estrictamente necesarios. Traspasos, una vez al año.
Cómo empezar: pasos accionables
Si quieres aplicar algo de esto a tu caso, este es el orden en el que yo lo pensaría:
- Define tu horizonte. No es lo mismo acumular durante 25 años que necesitar el dinero dentro de 5. El peso de renta variable frente a fija sale casi solo de aquí.
- Elige pocos fondos indexados, amplios y baratos, repartidos por región, en lugar de coleccionar docenas de posiciones. Diversificar no es lo mismo que complicarse.
- Prioriza fondos sobre ETFs si vives en España y crees que alguna vez rebalancearás o te cambiarás de fondo. La ventaja fiscal del traspaso compensa con creces una comisión algo mayor.
- Rebalancea de vez en cuando, con una vez al año suele bastar, para mantener el reparto de riesgo que decidiste. En España te sale gratis fiscalmente si es entre fondos.
- Decide tu tasa de retiro con margen, no apurando lo que dicen los estudios en su escenario más optimista.
- Piensa en los cubos con antelación, no el mismo año en que empiezas a retirar. Construir el colchón corto lleva su tiempo si vienes de estar al 100% en bolsa.
Esto no es asesoramiento personalizado. Es la estructura que uso yo, con los datos y estudios en los que me apoyo. Tu situación fiscal, tu horizonte y tu tolerancia al riesgo son tuyos, así que antes de tomar decisiones importantes échale tus propios números o consulta con alguien cualificado.
Esta es la base de mi patrimonio, pero no toda la historia. También gestiono una cartera activa de acciones y una estrategia de venta de opciones sobre parte de ella, las dos acotadas, con sus reglas y contadas con el mismo detalle. Incluidas las veces que salió mal.
Si te ha servido, sigue por aquí
- Así gestiono mi cartera: el sistema con el que ejecuto todo esto, broker a broker.
- Guías de Inversión: todo lo que he escrito, ordenado por tipo de inversión.
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Estrategia revisada por última vez en agosto de 2026. La reviso una vez al año, en Navidad, junto con el rebalanceo.