Monedas de dinero representando pérdidas y errores de inversión

Mis errores invirtiendo y lo que me han costado

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Es fácil escribir sobre estrategia cuando todo sale bien. Es más incómodo, y bastante más útil, contar lo que he hecho mal y lo que me ha costado. En más de veinte años he cometido unos cuantos errores de manual, algunos baratos y otros no tanto. Estos son los que recuerdo con más nitidez, sin suavizarlos, porque de ellos he aprendido más que de los aciertos.

Mis errores tienen casi todos el mismo patrón: operar sin un plan decidido de antemano y dejarme llevar por lo que hacía o decía otra gente. Compré una acción de céntimos sin entender la liquidez, coleccioné fondos que se solapaban entre sí, entré en posiciones sin saber cómo iba a salir de ellas, elegí broker mirando solo el precio y compré una empresa solo porque la leí en redes. Las reglas que sigo hoy existen, literalmente, porque en su momento no las tenía.
Índice

El error más barato: 80 euros y una lección de liquidez

Empiezo por el más tonto, que además fue el más barato. Cuando empezaba compré Ercros porque cotizaba a unos céntimos de euro y me pareció una idea brillante: si sube un céntimo o dos, ya gano dinero. Así de simple era mi análisis.

La compré y al día siguiente la vendí a mercado. Y ahí descubrí algo que no venía en ningún sitio de los que yo leía entonces: mi propia venta movió el precio hacia abajo. Yo era lo bastante grande para el volumen que se cruzaba en ese momento, así que al vender me hice el precio en contra yo solito. Súmale las comisiones de compra y de venta, y la operación se saldó con unos 80 euros menos en la cuenta.

Ochenta euros por aprender que una acción no vale lo que marca la pantalla, sino lo que alguien está dispuesto a pagarte cuando quieres salir. Barato para lo que enseña.

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2008: el error que no llegué a cometer (y no por listo)

Con la crisis de 2008 mi cartera se desplomó de golpe. La reacción de manual habría sido vender en pánico, y aquí es donde suelo leer historias heroicas de gente que aguantó con temple de acero. La mía no es esa.

Lo que hice fue cerrar el broker y no volver a abrirlo en unos cuantos años. No por convicción ni por tener un plan, sino porque no quería ver aquello. Cuando volví a entrar, años después, la cartera estaba en beneficios.

Me salvó no mirar, que no es lo mismo que tener criterio. Lo cuento porque la conclusión que saqué sí me sirve: no vender fue lo correcto, y la razón por la que casi nadie lo hace es que mirar la cartera todos los días durante una caída es insoportable. Si la única forma de aguantar es dejar de mirar, dejar de mirar es una estrategia perfectamente válida.

Coleccionar fondos que se solapaban

Este me duró años y es el error más silencioso de todos, porque no te hace perder dinero de golpe: simplemente te complica la vida a cambio de nada.

Llegué a tener fondos de Amundi y de Vanguard cubriendo exactamente lo mismo. Tenía un MSCI World y, encima, fondos de S&P 500, o sea Estados Unidos por partida doble, porque el World ya va cargado de americanas. Y tenía emergentes y además fondos específicos de China, que ya estaba dentro de los emergentes.

Sentía que tener más fondos era ser más sofisticado. Lo que tenía en realidad era la misma cartera de siempre, repartida en más líneas, más difícil de rebalancear y más difícil de explicar. Diversificar no es sumar productos: es que lo que tienes se comporte de forma distinta. Si dos fondos suben y bajan a la vez, tienes uno.

Operar sin plan de salida

Este es, con diferencia, el que más caro me ha salido, y me ha pasado tanto con acciones como con opciones. Entraba en una posición con una idea clara de por qué compraba y ninguna de qué haría si el mercado se ponía en mi contra. Improvisaba sobre la marcha, casi siempre para peor.

Y no fue solo dinero. Fue ansiedad. Cuando las cosas se tuercen y no tienes decidido de antemano qué vas a hacer, cada día es una decisión nueva tomada con el estómago revuelto: aguanto, promedio a la baja, cierro, espero al viernes. Esa incertidumbre desgasta mucho más que la pérdida en sí, y encima te empuja a hacer justo lo que no toca. Lo peor de aquello lo cuento con detalle en la sección de opciones de Cartera Activa, donde acabé con la cuenta en negativo y varios meses de deuda con el broker.

Hoy no abro nada sin tener escrito qué me haría salir. No porque sea más listo, sino porque ya sé lo que cuesta no tenerlo.

Comprar con la convicción de otro

Compré Diageo porque se lo leí a gente en X. Punto. No hice ningún análisis propio, no tenía tesis, no sabía por qué el precio estaba donde estaba. Simplemente me pareció que quien lo contaba sonaba convincente.

Perdí unos 500 euros, y la única razón por la que no perdí bastante más es que compré muy poco y no fui aumentando la posición según iba cayendo, que es la tentación natural cuando la idea era de otro y no quieres admitir que no era tuya.

La lección es sencilla de escribir y difícil de cumplir: nunca compres con la convicción de otro. Cuando la cosa se tuerce, el que tiene que decidir si aguanta o vende eres tú, y para eso hace falta entender por qué compraste. Si la tesis no es tuya, no tienes con qué sostenerla.

Elegir broker mirando solo el precio

Hace un tiempo decidí que iba a centralizarlo todo en la entidad más barata que encontré. Abrí cuenta en MyInvestor, empecé a traspasar fondos hacia allí y compré también acciones, con la idea de que fuese mi broker principal.

La operativa no me funcionó. Y cuando hablo de operativa no me refiero a las comisiones, que estaban muy bien, sino al día a día de mover el dinero y ejecutar las cosas. Acabé deshaciendo el camino entero: sacar todo de allí y llevármelo a entidades algo más caras pero con las que me quedo tranquilo.

El error no fue probar, que me parece sano. El error fue elegir solo por precio, mover una parte importante del patrimonio antes de haber probado con poco, y descubrir el problema con todo ya dentro. Una décima de comisión no compensa la sensación de no fiarte del sitio donde tienes tu dinero. Que conste que esto es mi experiencia y hay gente a la que le va perfectamente con ellos.

Tardar demasiado en soltar la gestión activa

Aquí quiero ser preciso, porque es fácil contarlo peor de lo que fue. Yo empecé con fondos indexados y el grueso de mi patrimonio siempre ha estado en gestión pasiva. Ese no fue el problema.

El problema es que tenía también fondos de gestión activa, más caros, y tardé bastante más de lo razonable en traspasarlos. Cada año que los mantuve fue un año pagando comisiones que no me devolvían nada a cambio. Y como el traspaso entre fondos en España no tiene coste fiscal, no había ni siquiera una excusa buena para no hacerlo. Simplemente lo fui dejando.

Es el tipo de error que no aparece en ningún extracto y por eso se tolera tan bien: no ves salir el dinero, solo ves que rindes un poco menos, año tras año.

Lo que me han enseñado estos errores

Mirándolos juntos, casi todos comparten el mismo patrón: decisiones tomadas sin plan previo y en caliente, o directamente prestadas de otro. Ninguno viene de un análisis que salió mal, que sería el error respetable. Vienen de no tener un método.

Las reglas que sigo hoy, que puedes ver en mi estrategia de inversión, existen exactamente por esto. No son teoría bonita: cada una tapa un agujero por el que ya se me escapó dinero o tranquilidad.

Si estás empezando, la ventaja que tienes sobre mí es que puedes ahorrarte todo esto leyéndolo en vez de pagándolo. Aprender de los errores propios sale caro. De los ajenos, gratis.

Preguntas interesantes

¿Cuál fue tu error más caro?

Operar sin plan de salida, sin duda. Es el que más dinero se ha llevado y, sobre todo, el que más ansiedad me ha costado. Lo de Diageo (unos 500 euros) duele en el momento, pero es una anécdota; no tener decidido cómo salir de una posición te puede complicar meses enteros.

¿Y el más barato?

Los 80 euros de Ercros, y probablemente el que mejor relación calidad-precio tuvo. Aprendí de golpe lo que es la liquidez: que el precio de la pantalla no es el precio al que puedes salir, y que si tu orden es grande para lo que se cruza en ese momento, te haces el precio en contra tú mismo.

¿El broker más barato no es siempre el mejor?

En mi caso no lo fue. Elegí una entidad por precio, moví bastante dinero allí y la operativa no me funcionó, así que tuve que deshacerlo todo y llevármelo a sitios algo más caros. Lo que aprendí es a probar con poco antes de mover el grueso, y a valorar la fiabilidad y la comodidad al mismo nivel que las comisiones.

¿Sigues cometiendo errores?

Claro, y seguiré. La diferencia es que ahora tengo reglas que acotan el daño: peso máximo por posición, no vender por precio sino por tesis, y plan de salida escrito antes de entrar. Las reglas no evitan equivocarse, evitan que una equivocación se lleve por delante el plan entero.

¿Cómo evito yo estos errores si acabo de empezar?

Empieza simple e indexado, automatiza las aportaciones y escribe tu plan antes de necesitarlo, no durante la caída. Y desconfía de las ideas que te llegan ya masticadas: si no sabes explicar por qué compras algo, no vas a saber qué hacer cuando baje.

¿Quieres las reglas que sigo hoy, para no repetir estos errores?

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