Billetes de euro representando el efectivo y la liquidez

Fondos monetarios o letras: dónde aparcar la liquidez

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Tuve unos cinco años con todos mis ahorros parados en la cuenta corriente. Sin invertir, sin monetarios, sin nada. Y aunque suene a confesión, hoy no creo que fuera un error: era joven, no tenía conocimientos financieros y prefería estar quieto a moverme sin entender lo que hacía.

Lo que sí fue un error es lo que tardé en darme cuenta de que «dinero parado» y «dinero seguro» no son lo mismo. Este artículo va de eso: dónde poner el dinero que no vas a invertir en bolsa, pero que tampoco tiene por qué estar rindiendo cero.

Para aparcar liquidez a corto plazo con riesgo mínimo hay tres vías en España: fondos monetarios (a través de tu gestora, con la ventaja fiscal del traspaso), letras del Tesoro (deuda pública a 3-12 meses) y cuentas remuneradas o depósitos. La rentabilidad de las tres depende de los tipos del BCE, así que consulta siempre la vigente. Para la mayoría, el fondo monetario gana por comodidad y por el traspaso sin peaje fiscal.
Índice

Qué son los fondos monetarios

Un fondo monetario invierte en deuda a muy corto plazo (letras del Tesoro, pagarés, depósitos bancarios) de alta calidad crediticia. Su objetivo no es crecer, es preservar el capital con liquidez casi inmediata: rescatas en uno o dos días hábiles.

Al ser un fondo de inversión tradicional, se beneficia del mismo régimen de traspaso sin coste fiscal que cualquier otro fondo, como explico en fondos indexados vs ETFs en España. Puedes mover dinero del monetario a tu fondo de bolsa, o al revés, sin pasar por Hacienda en ese movimiento. Eso lo convierte en la pieza natural de la parte conservadora de una cartera de fondos.

Mira el TER antes de contratar uno. En un producto que aspira a rendir poco por definición, una comisión alta se come una parte enorme del rendimiento. Un monetario caro es casi una contradicción.

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Qué son las letras del Tesoro

Deuda pública española a corto plazo, a 3, 6, 9 o 12 meses, emitida mediante subastas periódicas. La inversión mínima es de 1.000 €. Al vencimiento recibes el nominal, y la rentabilidad viene de haberlas comprado por debajo de ese valor.

Se compran por tres vías: en la web del Tesoro, en el Banco de España o a través de tu banco o broker, que te cobrará una comisión por el servicio.

Yo las he comprado, y aquí va un detalle práctico que casi nadie cuenta. Las contraté a través de mi broker, y lo hice por teléfono en lugar de por la plataforma, porque la comisión sale algo más barata. Me ayudó mi gestor, con quien tengo buena relación de años. El proceso fue sencillo, sin sorpresas y con todo claro desde el principio.

Si vas a comprar letras a través de una entidad, pregunta si la tarifa telefónica es distinta de la de la web. En muchos sitios lo es, y no siempre en el sentido que esperarías.

Dicho eso, y para ser honesto: hoy no tengo letras en cartera. Es un producto correcto que no me acaba de interesar, por un motivo que explico más abajo.

Fiscalmente, la ganancia tributa como rendimiento del capital mobiliario en la base del ahorro (lo detallo en fiscalidad de las inversiones en España) en el momento del vencimiento o la venta. Y ahí está la diferencia gorda con el fondo: cada vez que vence una letra con ganancia, tributas. No hay diferimiento.

Comparativa: liquidez, riesgo y fiscalidad

Fondos monetariosLetras del Tesoro
LiquidezAlta, 1-2 días hábilesAtada al vencimiento, salvo venta anticipada
RiesgoMuy bajoMuy bajo, deuda soberana
FiscalidadTraspaso sin coste fiscalTributa en cada vencimiento
Inversión mínimaDesde pocos euros1.000 €
Dónde se compraTu gestora de fondosTesoro, Banco de España o tu banco
Trabajo que daNingunoRenovar a cada vencimiento

Esa última fila explica mi preferencia mejor que ninguna otra. Una letra a seis meses vence, y entonces tienes que decidir otra vez: renovar, cambiar de plazo, sacarlo. Un monetario no te pregunta nada nunca.

Depósitos y cuentas remuneradas

La tercera vía, y para mucha gente la más cómoda. Un depósito a plazo o una cuenta remunerada te da un tipo conocido, con la garantía del Fondo de Garantía de Depósitos hasta 100.000 € por titular y entidad.

La contrapartida: los intereses tributan cada año, el depósito ata tu dinero a un plazo, y la remuneración depende de la oferta comercial del banco, que cambia cuando le conviene al banco. Las mejores ofertas suelen ser de captación: buenas los primeros meses, mediocres después, y solo para dinero nuevo.

Cuál uso yo, y para qué

Tengo la liquidez repartida en tres niveles, y cada uno hace un trabajo distinto. Creo que esta es la parte más útil del artículo, porque la mayoría de la gente mete todo en el mismo saco y lo llama «colchón».

Nivel 1: la cuenta corriente, que no es un colchón

En la cuenta corriente tengo del orden de 10.000 €, y no están remunerados. Pero esto no es ahorro: es capital de trabajo. Es la cuenta donde entra la nómina, donde llegan las rentas del alquiler y de donde salen todos los pagos.

Ese saldo fluctúa constantemente. Hay meses en que baja hasta los 2.000 € y se rellena solo en cuanto entra la nómina. No es un fondo de emergencia, es el margen de maniobra del día a día.

Nivel 2: los fondos monetarios, que sí son el colchón

Aquí está el dinero que sé que no se va a mover salvo en situaciones excepcionales. Es la reserva de verdad. Va en fondos monetarios y renta fija a muy corto plazo, y el traspaso sin peaje fiscal es exactamente por lo que está ahí y no en letras.

Nivel 3: la renta fija, que ya es cartera

Un escalón más allá tengo fondos de renta fija que ya no son liquidez, son la parte estable de la cartera. Ahí aporto todos los meses, con la idea de que llegue a cubrir varios años de gastos el día que deje de tener nómina.

La distinción entre los tres niveles importa, y no es semántica. Si mezclas el capital de trabajo con el colchón, siempre te parece que tienes más reserva de la que tienes, porque estás contando dinero que en realidad está de paso hacia el recibo de la luz.

Por qué no persigo una cuenta remunerada

Aquí voy contra lo que dice casi todo el contenido de finanzas personales, incluido lo que dice este mismo artículo tres párrafos más arriba. Mis 10.000 € están en una cuenta corriente al 0%, y no tengo intención de cambiarlo.

Haz la cuenta conmigo. Suponiendo un 2% en una cuenta remunerada, esos 10.000 € darían 200 € brutos al año, que tras el 19% de retención se quedan en unos 162 € netos. Trece euros al mes.

¿Y qué me costaría? O cambiar de banco, con la nómina, los recibos domiciliados y todo lo demás, o estar haciendo traspasos continuos entre dos cuentas para un saldo que fluctúa cada semana. Por trece euros al mes.

Mi criterio es este: optimizar tiene un coste en atención, y la atención es finita. Prefiero gastarla en las decisiones que mueven cifras grandes, como bajar la comisión media de mi cartera de fondos, y no en exprimir un saldo pequeño que además está de paso.

Ojo con generalizarlo, porque aquí está la trampa: esto vale porque el saldo es pequeño en relación con el resto de mi patrimonio. Si esos 10.000 € fueran todo tu dinero, o si en la cuenta tuvieras 60.000 € parados, la respuesta sería exactamente la contraria y merecería la pena la molestia. El principio no es «no persigas rentabilidad», es «pon el esfuerzo donde está el dinero».

Los cinco años que tuve el dinero parado

Vuelvo al principio, porque le debo un final a esa historia.

Durante aquellos años yo ya tenía interés por la inversión, y había un montón de estrategias que me deslumbraban con sus retornos potenciales. Pero soy bastante cauto cuando no entiendo algo, y el instinto me mantuvo quieto y tranquilo hasta entender mejor cómo funcionaba todo. Al menos con el grueso del dinero, porque acciones sueltas y al tuntún sí que compraba alguna.

Visto desde hoy, aquella quietud me parece sensata. Perdí rentabilidad, sí, pero no perdí capital en cosas que no comprendía, que es el error que arruina de verdad a la gente que empieza.

El punto de inflexión llegó cuando miré la cuenta y vi que tenía 100.000 € ahorrados. Ahí entendí que no tenía ningún sentido dejar parado un dinero que no me iba a gastar. Y sobre todo, cambió cómo veía el asunto:

Empecé a ver la inversión como una obligación de asumir cierto riesgo, gestionándolo, para evitar que el sistema destruya el patrimonio que has ganado con el sudor de tu frente.

Esa es la frase que me habría gustado leer cinco años antes. No invertir no es la opción prudente: es elegir que la inflación decida por ti. Y con la que ha caído desde entonces, dejar el dinero quieto habría salido carísimo.

Preguntas interesantes

¿Monetario o letras para el colchón de emergencia?

Monetario, casi siempre. Rescatas en uno o dos días, no tienes que renovar nada y puedes traspasarlo a otro fondo sin tributar. Las letras te atan a un vencimiento y te obligan a tomar una decisión cada pocos meses, que para un colchón es justo lo que no quieres.

¿Cuánto debería tener en liquidez?

Depende de lo estable que sea tu ingreso, no de tu patrimonio. Con una nómina fija, cuatro a seis meses de gastos suele bastar. Si tus ingresos son irregulares, sube. Y separa siempre el capital de trabajo de la cuenta corriente del colchón de verdad: son dos cosas distintas.

¿Es más barato comprar letras por teléfono?

En mi entidad sí, la tarifa telefónica salía algo por debajo de la de la plataforma. No es universal, así que pregunta antes en la tuya. Es de esos detalles que no aparecen en ningún sitio y que se resuelven con una llamada.

¿Un monetario puede perder dinero?

Puede, aunque es raro y suele ser poco. Invierte en deuda a muy corto plazo, así que las oscilaciones son mínimas, pero no está garantizado como un depósito. Lo que sí pierde casi siempre es poder adquisitivo frente a la inflación, y eso es esperable: su trabajo es estar disponible, no rendir.

¿Y si tengo el dinero parado desde hace años?

Yo estuve cinco. Lo importante no es flagelarse, es no seguir. Empieza por separar qué parte necesitas de verdad a corto plazo y mueve el resto, aunque sea a un monetario mientras decides. Estar parado en la cuenta corriente no es neutral, es una decisión con coste.