La mayor parte de mi patrimonio está en fondos indexados, y eso lo cuento en Cartera Pasiva. Esta página va de la otra parte: una cartera pequeña de acciones que elijo yo, una a una, con una razón concreta detrás de cada compra.
Y va también de las opciones que vendo sobre esas mismas acciones. Durante un tiempo las contaba en una página aparte, como si fueran una estrategia independiente, y era una ficción: solo vendo opciones sobre empresas que quiero tener o que ya tengo, y cuando escribo una put cuento la posible asignación dentro del conjunto de la cartera. Es un único bloque y ahora está contado en un único sitio.
Aviso de que la página es larga. Va en tres partes: primero las acciones, cómo las elijo, cómo las dimensiono y cuándo las vendo; después las opciones, con sus límites y sus reglas; y al final cómo mido si todo esto funciona y qué me haría cerrarlo. Cómo encaja este bloque con los otros dos está en El Sistema Completo.
Índice
- Por qué tengo una cartera activa, aunque la evidencia juegue en contra
- El enfoque núcleo-satélite
- Cuánto pesa este bloque y cuál es su techo
- Primera parte: las acciones
- Qué tiene que cumplir para que la mire
- Cómo miro el negocio, según el tipo de empresa
- Cómo decido si está cara o barata
- Cómo clasifico cada posición
- Mis reglas de gestión
- Cuándo vendo, y cuándo no
- Segunda parte: las opciones
- Por qué las opciones van aquí y no en una página aparte
- Qué significa vender opciones
- Las puts, y la vez que la lié
- Calls cubiertas (covered calls)
- Un ejemplo real: mis puts sobre Amazon
- Mis reglas con las opciones
- Los cuatro límites que acotan las puts
- Cuándo cierro, cuándo rolo y cuándo acepto la asignación
- Cuándo NO vendo calls
- Y por último: cómo sé si esto funciona
- Cuándo decidiría que esto no funciona
- Los riesgos de llevar una cartera así
- Los riesgos concretos de operar con opciones
Por qué tengo una cartera activa, aunque la evidencia juegue en contra
Empiezo por la contradicción, que es lo honesto: los datos dicen que casi nadie bate al mercado de forma consistente, ni siquiera los profesionales que se dedican a eso a jornada completa. Lo cuento con los informes SPIVA delante en Cartera Pasiva. Y aun así aquí estoy, eligiendo acciones de una en una.
¿Por qué? Pues básicamente porque me gusta. Llevo más de veinte años analizando empresas y es la parte de la inversión que más me hace pensar. Podría ahorrarme el trabajo, indexarlo todo y dormir igual de bien, pero me lo pasaría bastante peor.
Dicho esto, no es solo entretenimiento. Tener empresas concretas me permite vender opciones sobre ellas, que es otra fuente de ingresos y lo explico en la segunda parte de esta página. Y sobre todo, esta cartera está acotada a propósito: si me equivoco en todas a la vez, que algún día pasará, el plan general sigue en pie porque el grueso está en los fondos. Es mi presupuesto de convicción, no mi patrimonio.
Mi sistema de inversión, en un PDF
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El enfoque núcleo-satélite
La estructura es la clásica de núcleo y satélite. El núcleo, que es la mayor parte del patrimonio financiero, va en fondos indexados baratos y diversificados. El satélite es esta cartera de acciones, más concentrada y con bastante más riesgo. El peso de cada bloque, y cada posición con su porcentaje, está publicado en Mi Cartera: contar la teoría y esconder la práctica me parecería hacer trampas.
La consecuencia práctica es la que me importa. Aunque toda esta cartera lo hiciera mal al mismo tiempo, mi plan de independencia financiera seguiría en pie. El satélite puede sumar rentabilidad o restarla, pero no puede hundirme el barco.
Cuánto pesa este bloque y cuál es su techo
Decir que el satélite es «pequeño» no es una regla. Estos son los números:
| Regla | Límite |
|---|---|
| Peso objetivo de esta cartera | 25% de mi patrimonio financiero |
| Techo absoluto | Nunca más que la renta variable de mi cartera indexada |
| Peso máximo por empresa | 25% de esta cartera, es decir, en torno a un 6% del patrimonio financiero |
| Conjunto de especulativas | 30% de esta cartera |
| Peso máximo por sector | 50%, contando acciones y opciones juntas |
| Aportaciones nuevas | Ninguna. Todo el dinero nuevo va a la indexada |
El techo merece una explicación, porque me costó dar con él. Un límite del tipo «no más del X% del patrimonio» compara cosas distintas y envejece mal. Compararlo con la renta variable indexada compara bolsa contra bolsa, y tiene una propiedad que me gusta: según la renta fija crece hacia mis cuatro años de gastos, la renta variable indexada baja, y con ella baja solo el techo de esta cartera. El sistema se vuelve más prudente conforme me acerco a 2030 sin que yo tenga que acordarme de nada.
Dicho en una frase: nunca tengo más dinero en acciones que elijo yo que en renta variable indexada.
Antes de seguir, dónde vive el colateral, que es una pregunta que casi nadie hace y que determina todo lo demás. El respaldo de las puts que vendo es la liquidez que vive dentro de esta misma cartera, y en última instancia las propias acciones que tengo aquí. No sale de la cartera indexada ni toca el colchón: el bloque activo responde de sí mismo, y esa es la línea que hace que un mal día aquí no contamine el resto del sistema.
Eso tiene un coste que conviene decir: esa liquidez está inmovilizada y no rinde casi nada mientras hace de colateral. Es el peaje de la estrategia y va descontado de cualquier cálculo de lo que las opciones me aportan de verdad.
Y una precisión sobre el techo, porque si no la regla tendría una puerta trasera: el nocional de las puts vendidas no cuenta para él. Cuenta lo que tengo, no lo que podría llegar a tener. Y si esas puts se ejercitan y el resultado me deja por encima del límite, la corrección es inmediata y sale de tres sitios: vendo las acciones recién asignadas, las respaldo con la liquidez que vive dentro de esta cartera, o vendo otras posiciones de aquí.
Lo digo así de claro porque la alternativa sería peor: si el nocional contase, tendría un incentivo raro a no vender puts; y si no cuenta y no hay regla de corrección, podría saltarme el techo vendiendo puts en lugar de comprando acciones. La regla es que el techo se cumple sobre la cartera real, y que si una asignación me lo rompe, lo arreglo, no lo justifico.
El tope sectorial lo mido de dos maneras a la vez, y esto merece una explicación. La primera es por sector GICS, que es la clasificación estándar y la que uso en el informe mensual. La segunda es por agrupación temática, porque GICS puede no capturar que varias de mis empresas comparten el mismo riesgo de fondo. Un ejemplo real de mi cartera: bajo GICS, Tesla es consumo discrecional y Meta son servicios de comunicación, así que ninguna suma al sector tecnológico. Pero en una caída de las tecnológicas se van las tres juntas, le ponga GICS la etiqueta que le ponga. El mismo tope del 50% aplica a las dos formas de agrupar.
¿Y si esta cartera se dispara y se pasa del 25%? La dejo correr mientras no toque el techo, y corrijo dirigiendo a la indexada el dinero nuevo, las primas de opciones y los dividendos. Lo que no hago es vender posiciones ganadoras solo para volver a un porcentaje, porque eso significa pagar plusvalías y frenar lo que funciona para cumplir un número que me he puesto yo. Durante el año eso es una tendencia y no una garantía.
Pero tiene una fecha límite, y ahí deja de ser una tendencia. En la revisión de Navidad, si lo que han aportado las primas, los dividendos y las aportaciones no ha bastado para volver dentro del techo, rebalanceo. Aunque toque vender. Durante el año soy paciente; en diciembre, no.
Primera parte: las acciones
Qué tiene que cumplir para que la mire
Tres condiciones, y son binarias. Si falla una, no hay conversación por barata que esté la empresa. Aquí no me pongo creativo.
- Entiendo cómo gana dinero. Si no soy capaz de explicar el negocio en dos frases, el problema no es la empresa, soy yo. Y cuando la cosa se tuerza no tendré con qué sostener la posición.
- Identifico algo que la pone por delante de su competencia. Escala, marca, coste de cambio, efecto red, una forma de operar que otros no consiguen replicar. Si no encuentro ese factor, no entro.
- Compro pensando en cinco años o más. No hago swing trading ni busco aprovechar el impulso de una empresa con dos años de recorrido. Compro con la idea de no tener que vender.
Fíjate en lo que no está en esa lista: que genere caja hoy. Puedo comprar una empresa que queme caja si el negocio lo justifica. Lo digo porque durante un tiempo esta página incluía «caja de verdad, no promesas» entre mis criterios, y no era cierto: era una frase razonable que no describía lo que hago.
Cómo miro el negocio, según el tipo de empresa
No miro lo mismo en todas las empresas. No se puede esperar lo mismo de modelos de negocio distintos, y un método que juzga igual a una embotelladora que a una tecnológica en pérdidas es cómodo, no riguroso.
Lo que sí es siempre igual es el primer vistazo a las cuentas, en este orden:
- Ventas y margen neto, y sobre todo su tendencia en los últimos años. El nivel dice menos que la dirección.
- Flujo de caja libre.
- Deuda comparada con el EBITDA. Cuánto aire tiene para respirar si el negocio se estrecha.
Y encima de ese esqueleto, lo que cambia según el tipo de negocio:
| Tipo de empresa | Lo que de verdad miro |
|---|---|
| Compounders de calidad | Durabilidad del margen, retorno sobre el capital, y cuánto del beneficio se convierte en caja de verdad |
| Cíclicas | En qué punto del ciclo estamos y si el balance aguanta el valle sin tener que ampliar capital |
| Defensivas de renta | Sostenibilidad del pago, nivel de deuda y riesgo de que el negocio esté en declive estructural |
| Crecimiento o disrupción | Economía unitaria, cuánto recorrido le queda al mercado y qué camino tiene hacia la rentabilidad |
Una empresa cíclica con márgenes deprimidos puede ser una compra excelente y una defensiva con márgenes perfectos puede ser una trampa.
Cómo decido si está cara o barata
Uso valoración relativa en dos ejes. No es un método sofisticado y tampoco pretendo venderlo como tal:
- Contra sus competidores, y en concreto contra los que tienen un modelo de negocio parecido, no contra el sector entero.
- Contra su propio histórico de valoración. A qué múltiplos ha cotizado esta empresa a lo largo de los años y dónde está hoy dentro de ese rango.
Y las dos grietas que tiene:
- Si el sector entero está caro, la comparación con sus competidores te dirá que está barata dentro de lo caro. Eso no es estar barata.
- Si la década anterior fue extraordinaria, su propio histórico es un mal espejo.
No calculo margen de seguridad, y prefiero decirlo
El manual dice que hay que estimar un valor intrínseco y comprar con un descuento sobre él. Yo no hago eso. No monto modelos de descuento de flujos ni le pongo un número al valor intrínseco, entre otras cosas porque ese número depende tantísimo de las hipótesis que acaba diciendo lo que tú quieras que diga.
Lo que sí tengo es un mecanismo que hace ese trabajo por otra vía: el tamaño de la posición. Donde tengo menos convicción, meto menos dinero. Mi protección frente a estar equivocado está en cuánto capital pongo detrás de cada idea.
Y sí, el precio me hace dejar pasar empresas. Hay negocios que me gustan mucho y que no tengo, sencillamente porque nunca me han parecido comprables al precio al que cotizaban.
Cómo clasifico cada posición
En Mi Cartera cada acción lleva una categoría, una calificación por estrellas y una postura. No es decoración: es como decido cuánto peso le doy a cada una y qué le puedo exigir. Te traduzco las etiquetas.
- Pilar. Los cimientos de esta cartera: empresas de gran calidad y solidez, con negocios bien sustentados y difíciles de batir por sus competidores. Ojo con el nombre, que se presta a confusión: son el núcleo de la cartera de acciones, no el núcleo de mi patrimonio, que sigue siendo la parte indexada.
- Defensiva. Empresas estables, con negocios consolidados y un histórico relevante de beneficios. No espero fuegos artificiales: espero que dentro de diez años sigan ahí haciendo lo mismo.
- Crecimiento. Empresas con potencial de expansión, ya sea por las proyecciones de su sector o por su situación coyuntural.
- Especulativa. Acciones de mayor volatilidad, donde busco exposición a activos con gran potencial de crecimiento pero con cimientos débiles o sujetos a riesgos relevantes: riesgo país, endeudamiento, desarrollo tecnológico, coyuntura macroeconómica. Aquí asumo que puedo perder dinero.
Las estrellas, de una a cinco, miden una sola cosa: mi convicción en esa empresa. No la calidad del negocio, ni lo barata que esté hoy. Lo convencido que estoy yo. Una estrella significa que compré con la convicción de otro, sin tesis propia, y esa historia la cuento en los errores que he cometido.
Y no son una etiqueta informativa: deciden lo que hago con cada posición. Miden lo estable que está en mi cartera, es decir, cuántas papeletas tiene de acabar saliendo:
| Convicción | Qué hago con ella |
|---|---|
| ★★★★★ | Se queda pase lo que pase en el corto plazo, con posibilidad de ampliar |
| ★★★★ | Mantengo, con posibilidad de ampliar |
| ★★★ | Mantengo si no hay indicadores negativos |
| ★★ | Vendo calls de forma recurrente para liquidarla, o la saco directamente |
| ★ | Marcada para darle salida |
Esta tabla tiene una propiedad que me gusta: hace visibles mis propias incoherencias. Si en Mi Cartera ves una empresa con cuatro estrellas y postura de reducir, es que una de las dos etiquetas está mal puesta y me toca corregirla. Ha pasado.
Y la postura (ampliar, mantener o reducir) es lo que pienso hacer con esa posición ahora mismo. No la confundas con la tesis: la tesis es el porqué de la compra, la postura es el qué toca hoy.
Y sí, hay una contradicción aparente
Arriba he dicho que prefiero caja de verdad antes que historias preciosas de rentabilidad futura. Y luego resulta que una parte de esta cartera está etiquetada como especulativa. No es un descuido, es una decisión.
En una parte de la cartera asumo riesgo a propósito, con un tope del 30%. Son posiciones volátiles y con un potencial alto, pero que necesitan que los catalizadores se materialicen, así que también tienen una posibilidad importante de fracaso. Lo que hago no es fingir que son otra cosa: es acotarlas, etiquetarlas como lo que son y no engañarme. El peso exacto que suman hoy está en Mi Cartera, actualizado, para que puedas comprobar tú mismo cuánto margen me queda.
Mis reglas de gestión
- Peso máximo por posición: el 25%. Ninguna acción puede pasar de ahí, por bien que le vaya. Y el conjunto de las especulativas tiene su propio techo, el 30%. Son reglas preventivas: no me han explotado nunca en las manos y me gustaría que siguiera siendo así. Los pesos están publicados en Mi Cartera, así que puedes comprobar si las cumplo.
- La cartera no recibe dinero de fuera, pero sí lo redistribuye dentro. Ninguna aportación nueva entra aquí: todo el ahorro va a la cartera indexada. Lo que sí hago es reinvertir dentro del bloque los dividendos y las primas que él mismo genera, y por eso puede haber posiciones en postura de ampliar sin que eso rompa la regla.
- Tamaño según convicción. No inicio posiciones por debajo del 1% de la cartera, porque una posición intrascendente no aporta rentabilidad y sí ocupa atención. La mayoría de mis empresas se mueven en torno al 4%, y unas pocas de alta convicción están sobreponderadas a propósito. Cuando entro vendiendo una put, el tamaño viene impuesto por el contrato y es múltiplo de 100 acciones.
- Amplío cuando gano convicción, no cuando baja el precio. Tres cosas me la hacen ganar: los resultados de la empresa, las proyecciones del sector en el que opera, o una caída cuyo argumento me parece flojo. Ese tercer caso es el más rentable y el más difícil de ejecutar sin engañarte.
- Tesis escrita antes de comprar. Cada posición lleva apuntado por qué la compré y qué tendría que pasar para venderla. Sin tesis escrita no hay compra. Escribirlo antes evita que luego me cuente la película a mi favor.
- No compro acciones con dinero prestado. Con dos excepciones que declaro arriba y que no escondo: las puts que vendo sin colateral completo, y las calls largas que compro de vez en cuando. Las dos están acotadas y las dos son las únicas partes apalancadas de mi patrimonio. En más abajo cuento lo que me pasó por saltarme el espíritu de esta regla.
- Revisión periódica, no vigilancia constante. Reviso las tesis con los resultados trimestrales, no con el precio de cada día. Mirar la cotización cada mañana no me ha hecho ganar un euro jamás.
Cuándo vendo, y cuándo no
De las dos listas que vienen, la segunda es más útil que la primera.
Lo que rompe una tesis
- El negocio se deteriora de forma estructural, no coyuntural.
- La ventaja competitiva que identifiqué se erosiona. Si el motivo por el que compré ya no existe, la tesis tampoco.
- El precio recoge de sobra todo el valor que yo veía.
- El sector pasa a estar sobrerrepresentado en el conjunto de la cartera.
- La posición se ha quedado tan pequeña que da igual lo que haga. Por debajo del 1% no aporta rentabilidad y sí consume atención. Ahí la decisión es binaria: o amplío o la saco.
- Varios trimestres flojos o un guidance por debajo de lo esperado, si me hacen dudar de la tesis y no solo del trimestre.
Lo que NO la rompe
- Que el precio caiga, por mucho que caiga, si el negocio no ha cambiado. Amplié Walmart de 40 a 100 acciones y a la semana siguiente cayó casi un 20%. No vendí ni una: la empresa era exactamente la misma el lunes que el viernes. El que se había precipitado era yo.
- Una recesión. Si compré pensando en cinco años, un mal año macro estaba dentro de lo previsto.
- Haberme equivocado con el momento de entrada. Es un error de ejecución, no de tesis.
- Que otra empresa lo esté haciendo mejor. Y este es el que más caro me ha salido.
Sobre ese último: he vendido posiciones por razones perfectamente justificadas y me he arrepentido después, porque subieron, o porque lo que compré con ese dinero lo hizo peor. Eso es pura codicia y hay que reconocerla como tal, porque disfrazada de análisis parece una decisión de cartera.
Y el error simétrico, que también he cometido: aguantar posiciones en pérdidas sin mucho sentido, esperando a que por designio divino volvieran a subir. Cuesta aceptar un error y realizar la pérdida. Ayuda saber que esa pérdida realizada compensa fiscalmente con otras ganancias, lo que convierte un fracaso en algo con al menos una utilidad.
Cómo salgo: vendiendo calls, no dando a vender
Esta parte es distinta de como lo hace casi todo el mundo y merece explicarse. Cuando decido reducir o cerrar una posición, normalmente no lanzo una orden de venta: vendo calls cubiertas sobre ella y dejo que la asignación haga el trabajo.
Si el precio sube y me la asignan, he salido al precio que yo elegí y encima he cobrado la prima. Si no sube, me quedo la prima y vuelvo a vender otra call el mes siguiente. Salgo cobrando en lugar de pagando comisión, y el proceso me obliga a ir despacio, que en una salida suele ser una virtud.
Tiene un coste que hay que asumir: si la acción se dispara justo después, he vendido la subida entera por una prima pequeña. Es el riesgo de las calls cubiertas y lo explico con detalle en más abajo.
Lo mismo pasa con el tope del 25% por posición. Cuando una empresa se acerca al techo, no vendo hasta cuadrar el porcentaje exacto: recorto en lotes redondos de 100 acciones, para conservar la capacidad de seguir vendiendo calls sobre lo que me queda. Un contrato son 100 acciones, así que quedarse en 137 acciones sería quedarse con 37 sin utilidad.
Reconozco lo que eso implica: la estrategia de opciones influye en el tamaño de mis posiciones. No es un efecto secundario que se me haya colado: es una característica de mi sistema.
Segunda parte: las opciones
Por qué las opciones van aquí y no en una página aparte
Vendo puts sobre empresas que quiero comprar, a precios a los que quiero comprarlas, y calls cubiertas sobre acciones que ya tengo.
Y hay una tercera vía que uso menos y que hay que declarar, porque es la excepción a todo lo demás: sobre empresas de baja volatilidad que quiero incorporar y que están a un precio atractivo, a veces compro calls con vencimiento a más de dieciocho meses. La lógica es la misma que me hace no vender calls cuando la volatilidad es baja, solo que del otro lado: si la volatilidad implícita está baja, las opciones están baratas, y me interesa comprarlas en lugar de venderlas.
Digo que es la excepción porque lo es: una call comprada es una posición larga, direccional y apalancada. No hay dinero prestado, pero controlas cien acciones por una fracción de lo que costarían, y el tiempo corre en tu contra. Es lo más parecido a una apuesta que hay en todo mi sistema, y por eso el importe que dedico a esto es pequeño y va contado dentro de los límites de esta cartera.
Las cuento dentro de este bloque y no aparte por tres razones prácticas:
- El universo es el mismo. Solo escribo opciones sobre empresas que pasan el filtro de esta cartera.
- El riesgo es el mismo. Una put asignada se convierte en una posición de esta cartera, con sus mismos topes de peso.
- El capital es el mismo. El colateral que inmoviliza una put no está disponible para comprar otra cosa.
La mecánica completa, mis reglas concretas, un ejemplo real operación a operación y la vez que la lié de verdad con esto están en la segunda parte de esta página.
Qué significa vender opciones
Una opción es un contrato. Quien la compra adquiere el derecho, que no la obligación, de comprar o vender una acción a un precio fijado antes de una fecha. Quien la vende, que es mi lado de la mesa, cobra una prima hoy a cambio de asumir una obligación mañana: comprar la acción si es una put, o entregarla si es una call.
Todo mi enfoque cabe en una frase: solo vendo opciones sobre acciones que quiero tener, a precios a los que quiero tenerlas. La prima es lo que me pagan por comprometerme a algo. Si ese algo me conviene igualmente, la prima convierte la espera en ingresos. Si no me conviene, entonces la prima es el cebo de la trampa.
Las puts, y la vez que la lié
Vendo una put sobre una acción que quiero comprar, a un strike (precio de ejercicio) por debajo del precio actual, respaldándola con el dinero necesario para esa compra. Hay dos finales posibles. Si la acción no baja hasta el strike, me quedo la prima y vuelvo a empezar. Si baja y me asignan, compro una acción que ya quería, a un precio que ya había decidido que me valía, y encima me quedo la prima, que me abarata la compra.
Lo de «con colateral» no es un detalle menor, y esto lo sé porque lo hice mal. Hace unos años vendí puts descubiertas, es decir, sin tener el dinero reservado detrás. Además abrí demasiadas a la vez y, para rematar, sobre empresas de sectores correlacionados, que es una forma elegante de decir que todas se movían igual. Llegó una caída general de la bolsa, se me asignaron varias de golpe y me quedé con la cuenta en negativo. Tardé varios meses en saldar esa deuda con el broker.
No fue un problema de mala suerte, fue de diseño: había construido una posición que solo funcionaba si el mercado no caía. Y el error no fue vender descubierto: fue vender descubierto sin ningún límite de tamaño, de concentración ni de liquidez.
Lo digo así porque la lección que saqué no fue dejar de hacerlo, fue acotarlo, y durante un tiempo esta página contaba lo contrario. Sigo vendiendo puts descubiertas, con cuatro límites encima que están unas secciones más abajo. Casi todas mis reglas de opciones nacieron de aquellos meses.
Calls cubiertas (covered calls)
Es la operación espejo. Sobre acciones que ya tengo en cartera vendo una call a un strike por encima del precio actual. Si la acción no sube hasta ahí, cobro la prima y sigo con mis acciones. Si sube y me las ejercitan, las vendo a un precio que había aceptado de antemano como buena salida, con la prima de propina.
El coste de una call cubierta no aparece en el extracto como pérdida, pero existe: es renunciar a la subida por encima del strike. Si la acción se dispara un 40%, yo la entrego y me quedo mirando. Por eso solo las vendo sobre posiciones donde esa renuncia me parece un intercambio razonable.
Un ejemplo real: mis puts sobre Amazon
Prefiero enseñarte una operativa mía de verdad antes que un ejemplo de manual con números redondos. Esto es lo que he hecho con Amazon en lo que va de 2026, vendiendo un contrato cada vez y renovándolo al vencer.
El caso que sale bien. El 2 de enero vendí una put con strike 210 $ y vencimiento el 30 de enero, cobrando 1,75 $ por acción, o sea 175 $ por contrato (cada contrato son 100 acciones). Amazon no bajó de 210 $, la opción venció sin valor y me quedé los 175 $ íntegros. Sobre los 21.000 $ que tenía inmovilizados como colateral, eso es un 0,83% en esos 28 días. No lo anualizo a propósito, porque multiplicar por trece una operación suelta que salió bien es justo la cuenta que lleva a la gente a pensar que esto es una renta mensual. Ese es el aspecto que tiene la estrategia cuando funciona: aburrida y modesta.
El caso que sale mal. El 30 de enero vendí otra put, strike 215 $, cobrando 290 $. Amazon se dio la vuelta y en febrero esa opción se puso muy en contra: el 20 de febrero la recompré por 968 $ para cerrarla. Pérdida limpia de 678 $ en una sola operación, casi cuatro veces lo que había ganado en la anterior. Ese mismo día vendí otra con strike más bajo (210 $) y vencimiento más lejano, cobrando 993 $, y esa sí acabó bien. Se llama rolar la posición, y es lo que hago cuando sigo queriendo la acción pero necesito darle tiempo y margen.
El resultado del conjunto. Entre el 2 de enero y el 1 de julio encadené 13 contratos sobre Amazon. Dos salieron claramente mal (aquel de 678 $ y otro de 517 $ en junio) y el resto bien. El saldo neto de toda la campaña fueron unos 1.930 $ después de comisiones, que por cierto sumaron menos de 20 $ en total. Ni es dinero gratis ni es una máquina de perder: es un goteo de primas que unas veces se interrumpe y hay que remar.
Fíjate en lo que este ejemplo no puede esconder: si Amazon se hubiera desplomado a 120 $, yo habría comprado a 210 $ igualmente. La put no me protege de las caídas, me compromete a comprar dentro de ellas. Por eso el filtro de «solo empresas que quiero tener» no lo puedo saltar.
Mis reglas con las opciones
- Solo sobre acciones de mi cartera o de mi lista de compra. Jamás vendo una opción sobre algo que no querría tener. Si me asignan, quiero que el problema sea el precio, no la empresa.
- Las calls, siempre cubiertas. Nunca vendo una call sin tener las acciones. Aquí no hay matices ni excepciones.
- Las puts, a veces descubiertas, pero acotadas. Durante un tiempo esta página decía que nunca lo hacía, y no era cierto. Sí vendo puts descubiertas: el respaldo no es efectivo reservado euro a euro, es el resto de mi cartera activa. Es la única parte de mi sistema donde acepto apalancamiento, y por eso es la que tiene más reglas encima, que van justo debajo.
- Nunca la misma apuesta repetida. Aquella vez lo que me hundió no fue una operación, fue que todas se torcieron el mismo día porque en realidad eran la misma apuesta con distintos nombres. De ahí salen los cuatro límites de la sección siguiente.
- Plan de salida decidido antes de entrar. Si el mercado se pone muy en contra, cierro o rolo según lo pactado conmigo mismo, en lugar de esperar a ver. Esperar a ver es como las pérdidas pequeñas se hacen mayores.
- Las primas son la guarnición, no el plato. El patrimonio lo construye el interés compuesto de la cartera.
Los cuatro límites que acotan las puts
Si acepto apalancamiento en esta parte, lo mínimo es publicar exactamente cuánto. Cuatro números, y ninguno depende de mi criterio del día.
| Límite | Qué controla | |
|---|---|---|
| 1 | Nocional total de puts ≤ 50% del valor de la cartera activa | El tamaño de la apuesta |
| 2 | Si me asignaran una put, esa empresa no puede pasar del 25% de la cartera | La concentración por nombre |
| 3 | El 20% del nocional total ≤ liquidez disponible | Poder cerrar en una caída |
| 4 | Ningún sector pasa del 50% sumando acciones y puts | La correlación |
Merece la pena explicar el segundo y el tercero, que son los menos evidentes.
El segundo se comprueba antes de vender, no después. Sumo la posición que tendría si me asignaran mañana a lo que ya tengo de esa empresa. Si el resultado pasa del 25%, no vendo la put. Es una cuenta de diez segundos y evita el error de razonar sobre la probabilidad de asignación en lugar de sobre la consecuencia.
El tercero es un test de estrés disfrazado de multiplicación. Si una acción cae un 20% por debajo del strike, recomprar esa put cuesta al menos ese 20% del nocional. Así que exigir que el 20% del nocional total quepa en mi liquidez equivale a poder cerrarlo todo tras una caída del 20%, y se calcula con datos que ya tengo, sin estimar precios de opciones. Medir el coste de recompra a precio de hoy no sirve de nada: el día que lo necesites, ese precio se habrá multiplicado.
Un apunte técnico, por si te tienta: no uso la delta como límite de tamaño. Vendiendo puts de delta 0,20, un tope ponderado por delta te deja cargar cinco veces más nocional que uno sin ponderar, y en un desplome todas esas deltas se van hacia uno a la vez. Aparece entonces un nocional que nunca decidiste asumir. La delta sirve para saber cuánto esperas que te asignen, y para eso la miro, pero el tamaño se acota sobre el nocional, que es la obligación real.
Cuándo cierro, cuándo rolo y cuándo acepto la asignación
Decir «plan de salida decidido antes de entrar» y no decir cuál es no vale de nada. Aquí está el mío, con sus números.
Una precisión de vocabulario primero: cerrar y rolar no son lo mismo. Cerrar sin más, recomprar la opción y quedarme fuera, no lo hago casi nunca. Lo que hago es rolar: recomprar y abrir otra a la vez.
| Situación | Qué hago |
|---|---|
| La put va ganada, delta por debajo de 0,08 | Rolo hacia adelante, ajustando el strike a delta 0,20 |
| Quedan menos de 14 días a vencimiento | Lo mismo: rolo, no cierro |
| La acción cae y la put se pone en contra, delta por encima de 0,4 | Rolo abajo y adelante, bajando el strike y alargando el vencimiento |
| Put sobre una acción especulativa y volátil | Cierro cuando he capturado un 60% de la prima |
| Se agotan los rolos razonables | Acepto la asignación y me quedo las acciones |
Hay dos números en esa tabla que hacen todo el trabajo:
- Cuando ruedo una put que va en mi contra, busco prima neta cercana a cero. Es decir, nunca pago por rolar. Si para alargar la posición tengo que poner dinero encima de la mesa, es que la operación ya no se sostiene sola y lo que estoy haciendo es tapar un agujero. Esa es la línea que separa gestionar una posición de negarse a aceptar una pérdida.
- No rolo más allá de tres meses. Es mi tope duro. Sin una fecha límite, rolar es aplazar la realidad indefinidamente, y siempre hay un vencimiento más lejano al que agarrarse. Pasados esos tres meses, acepto lo que haya.
La diferencia entre las dos primeras filas y la tercera es importante. Cuando la posición va bien, rolar es optimizar: la opción ya casi no vale nada, queda poca prima por capturar y todo el riesgo sigue ahí, así que la cambio por otra con más recorrido. Cuando va mal, rolar es ganar tiempo, y eso solo tiene sentido si sigo queriendo la empresa y si no me cuesta dinero hacerlo.
El riesgo que ninguna de estas reglas cubre
Todo lo anterior supone que puedo reaccionar. A veces no se puede. Una acción puede cerrar a 200 y abrir al día siguiente a 140, por unos resultados, una noticia regulatoria o algo peor. Si tenías la put vendida con strike en 180, no hay ningún momento intermedio en el que rolar: te despiertas con la posición muy en contra y sin haber tenido ocasión de hacer nada.
Eso se llama riesgo de hueco, y es la razón por la que el tamaño importa más que la gestión. Ninguna regla de salida te protege de lo que ocurre mientras el mercado está cerrado. De eso solo te protege no haber vendido demasiadas.
Cuándo NO vendo calls
Se habla mucho de cuándo vender calls y casi nunca de cuándo no hacerlo. Y es igual de importante, con el agravante de que el coste de equivocarte aquí no te lo enseña ningún extracto: simplemente no ganas lo que habrías ganado.
- Cuando la volatilidad está baja. Si la prima es pequeña, estás vendiendo tu subida por muy poco. La compensación tiene que valer la pena o la operación no tiene sentido.
- Cuando veo recorrido al alza a corto plazo: unos resultados, una noticia, un catalizador concreto, o simplemente que la acción viene con impulso. Vender una call justo antes de eso es la forma más segura de quedarte mirando.
- Cuando no tengo las cien acciones. Sin ellas no hay call cubierta, y las calls descubiertas no entran en mi sistema bajo ningún concepto. Aquí no hay matices.
Y el coste se ve mejor con números, porque en abstracto no impresiona. Imagina una acción a 100 $, vendes una call con strike 110 y cobras 3 $ de prima. Si la acción acaba en 150 $:
| Resultado | |
|---|---|
| Sin vender la call | +50 $ |
| Habiendo vendido la call | +13 $ (10 de subida hasta el strike más 3 de prima) |
Treinta y siete dólares de diferencia por acción, por haber cobrado tres. Sobre una empresa que quieres tener diez años, esa renuncia puede ser enorme, y por eso las calls cubiertas tienen más sentido sobre posiciones de las que no te importaría salir que sobre las que quieres conservar.
Y por último: cómo sé si esto funciona
Cuándo decidiría que esto no funciona
Si defiendo la indexación con datos y a la vez elijo acciones, lo mínimo que puedo hacer es escribir de antemano qué me haría dejar de hacerlo. Casi nadie publica esta parte, y es la que separa una estrategia de una afición.
Mi objetivo declarado es batir al MSCI ACWI IMI en 2 puntos porcentuales anualizados, el mismo índice contra el que mido todo lo demás. Los gatillos van sobre los cinco años previos y los reviso cada Navidad:
| Resultado a 5 años frente al índice | Qué hago |
|---|---|
| Le saco 2 puntos o más | Objetivo cumplido, sigo igual |
| Entre el índice y 2 puntos por encima | No cumplo mi objetivo, pero no corrijo. Lo digo para que quede clara la zona gris |
| Por debajo del índice | Reduzco esta cartera hasta un cuarto de lo que pese la indexada |
| Por debajo en más de 5 puntos | La cierro y lo traspaso todo a la indexada |
Dos precisiones. La primera: el reloj corre desde ahora, con ventana móvil de cinco años y revisión anual. La segunda, para no venderte humo: el último gatillo casi con seguridad no se va a activar nunca. Quedar cinco puntos anualizados por debajo durante cinco años seguidos es una diferencia acumulada del orden del 23%. El que va a mandar en la práctica es el anterior. Lo dejo como red de seguridad.
Los riesgos de llevar una cartera así
Una cartera concentrada de acciones se mueve más que un índice y puede hacerlo peor que él durante años. Años, no meses. Requiere tiempo real de análisis, aguantar equivocarse en público y una honestidad constante para no confundir lo que quieres que pase con lo que está pasando.
Si el proceso en sí no te divierte, la evidencia dice que estarás mejor solo con la parte indexada. Y no lo digo como premio de consolación: es literalmente lo que hago yo con la mayoría de mi dinero, y está explicado en Cartera Pasiva.
Nada de esto es una recomendación de comprar ni de vender nada. Son mis posiciones y mi forma de gestionarlas, publicadas para que veas el proceso entero. Me equivoco con frecuencia. Haz tus propios números.
Si te ha servido, sigue por aquí
- Así gestiono mi cartera: el sistema con el que ejecuto todo esto, broker a broker.
- Mis errores invirtiendo: lo que me ha costado equivocarme eligiendo empresas.
¿Quieres ver las posiciones reales de esta cartera, con sus pesos?
Estrategia revisada por última vez en agosto de 2026. La reviso una vez al año, en Navidad, junto con el rebalanceo.
Los riesgos concretos de operar con opciones
Que no quede la impresión equivocada: esto no se parece a la renta fija. Los riesgos son concretos y ya has visto dos de ellos con números. Te asignan justo cuando todo está cayendo, o sea que compras en el peor ambiente posible. Las calls te cortan las alas en las subidas fuertes. Cuando las primas parecen fáciles, entra la tentación de subir el riesgo, que es exactamente lo que me pasó a mí. Y la fiscalidad y la operativa son bastante más pesadas que comprar y esperar.
El patrón de resultados de esta estrategia es asimétrico y hay que entenderlo antes de empezar: muchos meses de primas pequeñas y constantes, y de vez en cuando una operación que se lleva por delante el beneficio de medio año. A mí me pasó, y por eso las reglas de ahí arriba no son decoración.
Hace falta un broker con acceso decente a mercados de opciones, entender cada contrato antes de firmarlo y una disciplina que no todo el mundo disfruta manteniendo. Si estás empezando, este no es tu punto de partida sino, como mucho, un capítulo para dentro de unos años. Empieza por Cartera Pasiva, que es lo que haría yo en tu lugar.
Nada de esta página es asesoramiento ni una recomendación de operar con derivados. Con opciones se puede perder mucho dinero, y más rápido de lo que parece. Te enseño mis operaciones y mis cicatrices porque creo que enseñan más que un manual, no para que las copies.
¿Quieres ver sobre qué acciones aplico esta estrategia?