La estrategia de los buckets, explicada

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Hay una pregunta que no se resuelve con una hoja de cálculo: ¿y si el mercado se desploma justo el año en que dejo de trabajar?

Durante la fase de acumulación una caída es casi una buena noticia: sigues aportando y compras más barato. Pero el día que empiezas a vivir de la cartera, la cosa se invierte. Vender participaciones en mitad de una caída del 40% para pagar la compra del mes no es una molestia, es el error que puede arruinar un plan de treinta años. Tiene nombre: riesgo de secuencia de rentabilidades.

La estrategia de los cubos, o buckets, existe para eso. Y aunque yo no la llamo así, en la práctica es lo que llevo montado.

La estrategia de buckets consiste en dividir tu patrimonio por horizonte temporal en lugar de por tipo de activo. Un cubo de corto plazo en liquidez, con dos o tres años de gastos; uno de medio plazo en renta fija, para los años cuatro a diez; y uno de largo plazo en renta variable, para todo lo demás. Vives del primero, y así nunca te ves obligado a vender bolsa en el peor momento. El de largo plazo tiene décadas para recuperarse de cualquier caída.
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El problema que resuelve

Imagina dos personas que se retiran con el mismo dinero, con la misma cartera y con la misma rentabilidad media durante veinte años. La única diferencia es el orden en que llegan los años buenos y los malos.

A la primera le tocan las caídas al final. A la segunda, los tres primeros años. Misma media, mismo punto de partida. La segunda puede quedarse sin dinero y la primera morirse rica.

El motivo es sencillo: cuando estás retirando dinero, cada venta en mínimos destruye capital que ya no participa en la recuperación. Si vendes participaciones al 60% de su valor para cubrir gastos, esas participaciones no están ahí cuando el mercado rebota. La media da igual: lo que importa es que no te obliguen a vender abajo.

La regla del 4%, que explico en cuánto necesitas para la independencia financiera, ya intenta protegerte de esto por la vía del porcentaje. Los cubos lo atacan por la vía de la estructura.

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Qué es exactamente

La mayoría de la gente organiza su patrimonio por producto: tanto en fondos, tanto en acciones, tanto en depósitos. Los cubos lo organizan por cuándo vas a necesitar cada euro.

Y de esa pregunta sale sola la respuesta de en qué invertirlo. El dinero que necesitas en ocho meses no puede estar en bolsa, por buena que sea la bolsa. El dinero que no vas a tocar en veinte años no debería estar en una cuenta corriente, por segura que parezca.

Es una idea vieja y sin misterio. Su virtud no es la sofisticación financiera: es que funciona con tu cabeza. Saber que tienes tres años de gastos guardados y que no dependes de lo que haga la bolsa mañana es lo que te permite no vender en pánico. Y no vender en pánico es, con diferencia, la decisión que más dinero salva a lo largo de una vida.

Los tres cubos

Cubo 1: los próximos dos o tres años

Qué contiene: el dinero que vas a gastar pronto, o del que vas a vivir si ya no trabajas. También el colchón de emergencia.

Dónde va: cuenta remunerada, fondo monetario, letras del Tesoro. Nada que pueda valer menos el día que lo necesites. Lo cuento en detalle en fondos monetarios y letras del tesoro.

Su trabajo no es rendir, es estar. Este cubo casi siempre pierde poder adquisitivo frente a la inflación, y está bien que así sea: le pagas una prima al seguro de no tener que vender bolsa en un mal momento.

Cubo 2: de los tres a los diez años

Qué contiene: el puente. El dinero que rellenará el cubo 1 cuando se vaya vaciando, sin tener que tocar la bolsa.

Dónde va: renta fija de corto y medio plazo, fondos de bonos, algún depósito a plazo. Acepta algo de volatilidad a cambio de no perder tanto contra la inflación.

Es el cubo que más gente se salta, y es un error: sin él, en cuanto el cubo 1 se agota vuelves a depender de vender bolsa cuando toque, que es justo lo que querías evitar.

Cubo 3: de diez años en adelante

Qué contiene: todo lo demás, que en una cartera bien montada es la mayor parte.

Dónde va: renta variable. Fondos indexados globales, y si te apetece complicarte, acciones.

Aquí la volatilidad deja de ser un riesgo y pasa a ser el peaje. Con un horizonte de diez años o más, una caída del 40% es un evento incómodo, no una catástrofe, siempre que no te obligue a vender. Y no te obliga, porque para eso están los otros dos cubos.

Cómo dimensionar cada uno

El único cubo que se dimensiona en años de gasto es el primero. Los otros dos salen por descarte.

  • Cubo 1: entre dos y cuatro años de tus gastos anuales. Cuanto más inestable sea tu fuente de ingresos, más arriba de ese rango.
  • Cubo 2: otros cinco a siete años de gastos, si tu patrimonio da para ello.
  • Cubo 3: el resto, sin excepción.

La clave está en que el cubo 1 se mide en años de gasto, no en porcentaje de la cartera. Es una diferencia importante: si tu patrimonio se duplica, tu colchón no tiene por qué duplicarse, porque tus gastos siguen siendo los mismos. Mucha gente mantiene un 20% en liquidez «por prudencia» cuando eso son quince años de gastos y le está costando una fortuna en rentabilidad perdida.

Cómo se rellenan: la cascada

El sistema solo funciona si tiene una regla clara de reposición. Es esta:

  • Vives del cubo 1.
  • Cuando el cubo 1 baja de su mínimo, se rellena desde el cubo 2.
  • El cubo 2 se rellena desde el cubo 3, pero solo en los años en que la bolsa ha ido bien.
  • Si la bolsa ha caído, no se toca el cubo 3. Se tira del 2, que para eso está, y se espera.

Esa última regla es todo el invento. Convierte una caída de bolsa en algo que puedes ignorar durante años en lugar de en un problema de tesorería.

Y mientras estás en fase de acumulación, la cascada va al revés: el dinero nuevo llena primero el cubo 1 hasta su nivel, luego el 2, y todo lo que sobra va al 3. Es exactamente el orden que sigo yo con cada aportación.

Un ejemplo con números

Alguien con 30.000 € de gastos al año y 750.000 € de patrimonio financiero:

CuboCubreImportePesoDónde
1. Corto plazo3 años90.000 €12%Monetario y letras
2. Medio plazoAños 4 a 9180.000 €24%Renta fija
3. Largo plazoAño 10 en adelante480.000 €64%Renta variable

Ahora llega una caída del 40% en bolsa. El cubo 3 pasa de 480.000 a 288.000 €. Duele mirarlo.

Pero fíjate en lo que no pasa: no tienes que vender ni una participación. Sigues cobrando del cubo 1, que te cubre tres años. Cuando se acabe, tiras del 2, que te cubre seis más. Tienes nueve años de margen para que la bolsa se recupere antes de verte obligado a vender nada abajo.

Históricamente, ninguna caída de un mercado global diversificado ha tardado nueve años en recuperarse. Ese es todo el argumento, y es bastante sólido.

Si todavía trabajas, tu cubo 1 es tu nómina

Todo lo anterior está pensado para la fase de retirada: cuando vives de tu patrimonio. Si todavía cobras una nómina, el esquema cambia bastante, y conviene decirlo porque es donde está casi todo el mundo que lee esto.

Mientras tienes ingresos estables, tu cubo 1 es tu sueldo. No necesitas tres años de gastos aparcados para no vender bolsa en una caída: no vas a vender bolsa, porque tus gastos los cubre la nómina. Mantener 90.000 € parados «por prudencia» cuando llega una transferencia todos los meses no es prudencia, es rentabilidad tirada a la basura.

En acumulación basta con un fondo de emergencia de cuatro a seis meses de gastos, y su función es otra: cubrir el imprevisto grande, no la caída de la bolsa. La avería, el impuesto que no esperabas, los meses entre dos trabajos.

La transición entre un esquema y otro no se hace de golpe el día que dejas de trabajar. Se hace en los años previos, redirigiendo las aportaciones nuevas hacia los cubos 1 y 2 en lugar de hacia el 3. Corregir con dinero nuevo siempre es más barato que corregir vendiendo, porque no pagas peaje fiscal.

Las críticas, que son buenas

No sería honesto vender esto como la solución perfecta, porque tiene objeciones serias.

Es contabilidad mental. El dinero es fungible: una cartera 64/36 con reglas de rebalanceo se comporta igual que estos tres cubos. Los cubos no crean rentabilidad, solo reetiquetan lo que ya tenías. Un académico te dirá que es un truco psicológico, y tendrá razón.

Cuesta rentabilidad. Tener el 36% fuera de bolsa a treinta años vista tiene un coste enorme en interés compuesto. Los estudios que comparan carteras con y sin cubos suelen dar ventaja a la que va más cargada de renta variable, siempre que el inversor aguante sin vender. Y ahí está el matiz: siempre que aguante.

Añade complejidad. Tres cubos son tres decisiones de rebalanceo, tres productos que vigilar y tres oportunidades de liarla.

Mi lectura es esta: la ventaja de los cubos no es financiera, es de comportamiento. Y como el 90% de lo que separa a un buen inversor de uno malo es comportamiento, a mí me parece que sale rentable. Una estrategia teóricamente óptima que abandonas en marzo de un año malo rinde bastante peor que una mediocre que mantienes.

Cómo lo aplico yo

Voy a ser exacto, porque este es el tipo de artículo donde es fácil describir el sistema ideal y dejar que el lector suponga que uno lo cumple. Yo todavía no tengo mi patrimonio montado así.

Sigo en fase de acumulación, con una nómina estable, así que aplico lo que acabo de contar en la sección anterior: mi cubo 1 es mi sueldo. Lo que tengo en la cuenta corriente son unos cuatro meses de gastos, y ahí se queda. No es descuido, es que con ingresos regulares tener más parado me costaría dinero sin comprarme nada.

Donde sí estoy construyendo de verdad es en el cubo 2. Aporto 500 € todos los meses a renta fija, repartidos en tres fondos, y ahora mismo suman en torno a un año de mis gastos. Va despacio a propósito: prefiero llegar con dinero nuevo que vendiendo bolsa para reubicarla.

Y tengo un plan concreto para terminarlo: vender el piso que tengo alquilado y destinar una parte a renta fija. Ese movimiento haría dos cosas a la vez, reducir mi exposición al ladrillo y completar el cubo que me falta, y es la razón por la que estoy deshaciendo esa posición.

Todo lo demás, fondos indexados y acciones, es cubo 3.

Las tres veces que tiré del colchón

Un colchón de cuatro meses suena cómodo hasta que lo gastas. Me ha pasado tres veces, y las cuento porque explican mejor que ninguna teoría para qué sirve esto.

La primera se me juntó el pago de un impuesto muy grande, derivado de la compra de un inmueble dos años antes, con unas reformas en casa. Acabé con menos de 500 € en la cuenta, esperando que entrara la nómina como agua de mayo.

La segunda fue una declaración de la renta bastante más alta de lo que había calculado. Otra vez la cuenta tiritando.

La tercera fue de otra categoría. Vendí más puts de las que podía asumir, llegó una caída, se me asignaron varias de golpe y no solo me quedé sin colchón: estuve meses con el saldo del broker en negativo, pagando intereses de crédito, hasta que pude reconducirlo. Lo cuento con detalle en mi sección de opciones.

Fíjate en un detalle de las tres: ninguna fue una caída de la bolsa. Fueron un impuesto, una reforma y un error mío. La vida no te vacía el colchón cuando el mercado va mal, te lo vacía cuando le apetece, y muchas veces las dos cosas llegan juntas.

Lo que pienso hacer

Mi plan es tener la cartera de fondos estructurada exactamente en estos tres cubos, para poder usarla a conveniencia el día que haga falta. Me parece la forma más sencilla y más eficiente de vivir del patrimonio en España.

De momento no renuncio a la cartera de acciones, que también puede darme rentas por la vía de las primas de opciones, los dividendos y las compraventas. Pero soy consciente de que es la parte que tengo que justificar, y me he puesto una condición: si mi cartera activa no aporta una ventaja suficiente, o en el peor de los casos rinde menos que la de fondos, con dolor de mi corazón traspasaría gran parte a fondos. Para eso publico un informe cada mes, entre otras cosas.

Hay una cosa más que quiero dejar dicha, porque es la que me empuja hacia este sistema. Cuando pienso en un imprevisto grande, mi respuesta es que mi patrimonio lo cubriría aunque tendría que liquidarlo en un momento que quizá no fuera el adecuado. Esa frase, escrita, es exactamente el riesgo que los cubos existen para eliminar. Con una nómina estable la probabilidad es baja y puedo convivir con ella. El día que no haya nómina, no.

Los pesos reales, actualizados cada mes, están en Mi Cartera.

Preguntas interesantes

¿Sirven los cubos si todavía estoy acumulando y falta mucho para retirarme?

Sí, pero con el cubo 1 muy reducido: mientras cobras, tus gastos los cubre la nómina y basta un fondo de emergencia de cuatro a seis meses. Lo que conviene empezar pronto es el cubo 2, aportando poco a poco, para no tener que montarlo de golpe vendiendo bolsa el año que dejes de trabajar.

¿Cuántos años debería cubrir el primer cubo?

Entre dos y cuatro. Menos de dos te deja expuesto a una caída larga; más de cuatro empieza a costarte mucha rentabilidad. Si tus ingresos son inestables o dependes de una sola fuente, ponte en la parte alta.

¿Es lo mismo que una cartera 60/40?

Matemáticamente pueden acabar siendo casi idénticas. La diferencia está en cómo lo piensas: una 60/40 se define por porcentajes y se rebalancea contra ellos; los cubos se definen por años de gasto y se rellenan en cascada. El segundo marco es peor teóricamente y mejor en la práctica, porque te dice exactamente qué hacer cuando la bolsa cae.

¿Qué hago si la caída dura más que mis dos primeros cubos?

Reduces gasto antes de vender abajo. La flexibilidad en el gasto es la cuarta pata de este sistema y la que menos se menciona: recortar un 15% durante dos años malos protege la cartera más que cualquier reestructuración de activos.

¿Dónde encajan los inmuebles?

Un inmueble alquilado genera renta, así que alimenta el cubo 1 como si fuera un ingreso más. Pero como activo es de cubo 3 y con un agravante: no se puede vender por partes ni en dos días. Si buena parte de tu patrimonio es ladrillo, necesitas los cubos 1 y 2 más grandes, no más pequeños.